La semana en que la IA recibe su veredicto: por qué ASML y TSMC decidirán todo el rally

KI-Verdikt-Woche ASML TSMC 2026 – Marktkommentar

Wall Street cerró la semana en tono de celebración. El S&P 500 acabó a menos de medio punto porcentual de su máximo histórico —apenas un 0,45 % separa al índice de referencia de un nuevo récord— y acumula una revalorización del 10,7 % en lo que va de año. Las «Siete Magníficas», los gigantes tecnológicos de megacapitalización, lideraron el avance de la semana pasada con una subida del 4,9 %. Todo parece la continuación perfecta de un mercado alcista que se sacude de encima cada contratiempo. Pero las apariencias engañan. La verdadera prueba de fuego llega esta semana, y no procede de un banco central, ni de una fecha límite arancelaria, sino de dos salas de juntas situadas en Veldhoven y Hsinchu.

El miércoles, la neerlandesa ASML presenta sus resultados trimestrales; el jueves le sigue la fundición taiwanesa TSMC. Juntas, estas dos compañías forman el cimiento sobre el que descansa todo el auge de la inteligencia artificial. No existe chip de Nvidia, ni centro de datos de IA, ni gran modelo de lenguaje sin las máquinas de ASML y las fábricas de TSMC. Quien quiera saber si el ciclo de inversión más caro de la historia de la tecnología sigue en marcha —o si acaba de rebasar su punto álgido— no debería escuchar a los vendedores de chips. Debería mirar los libros de pedidos de estos dos proveedores. Y esos libros se abren precisamente esta semana.

Por qué el veredicto lo dictan estas dos compañías

En el imaginario colectivo, Nvidia es el rostro de la revolución de la IA. Pero Nvidia solo diseña sus chips; no puede fabricarlos. Esa tarea corresponde a TSMC, con diferencia el mayor fabricante por contrato del mundo, que produce prácticamente todos los procesadores de IA de gama alta, ya provengan de Nvidia, AMD, Apple o Broadcom. Y TSMC, a su vez, solo puede fabricar esos chips porque ASML le suministra las máquinas de litografía necesarias para grabarlos. ASML es el único fabricante del planeta de sistemas de litografía de ultravioleta extremo (EUV): un monopolio situado en el cuello de botella absoluto de la fabricación de semiconductores moderna. Una sola de estas máquinas cuesta varios cientos de millones de dólares.

Esta cadena de suministro tiene una propiedad decisiva: se anticipa a la demanda. Un operador de centros de datos que hoy encarga más capacidad de IA desencadena una cadena que se remonta meses atrás —TSMC debe ampliar su capacidad de fabricación y, para hacerlo, debe encargar máquinas a ASML con años de antelación—. Por eso los pedidos netos («net bookings») de ASML son un indicador adelantado tan valioso. No revelan lo que los clientes compran hoy, sino lo que están planificando para los años venideros. Un libro de pedidos robusto significa que la expansión continúa. Un desplome sería la primera señal contundente de que la industria está levantando el pie del acelerador. Ninguna nota de analista, ninguna encuesta, ningún gráfico de cotización contiene esa clase de información.

La montaña rusa que ha preparado el escenario

El motivo por el que estas cifras están tan cargadas de tensión precisamente esta semana reside en los dos últimos meses. El sector de los semiconductores acaba de atravesar una de las montañas rusas más violentas de su historia reciente, con Nvidia en el epicentro. La campeona de la IA se dejó alrededor de un billón de dólares de valor bursátil en menos de dos meses. Desde su máximo histórico del 14 de mayo, la acción ha caído un 18,2 % hasta situarse recientemente en 193,42 dólares. Eso deja a la compañía más valiosa de la era de la IA cotizando a unas 18 veces los beneficios esperados para los próximos doce meses: más barata que el conjunto del S&P 500, que se sitúa por encima de las 20 veces, y más barata que el Nasdaq 100, en casi 23 veces. Nvidia no había estado tan barata desde principios de 2019, antes de que el auge de la IA arrancara de verdad.

El detonante de la caída fue una expresión que lleva semanas circulando por los mercados: el «AI peak demand», el temor a que la IA haya tocado su pico de demanda. El miedo es que el gasto colosal de los hiperescaladores —Microsoft, Amazon, Google, Meta— no pueda mantener este ritmo eternamente, que tarde o temprano llegue la saturación y los pedidos se sequen de golpe. Sin embargo, apenas esa inquietud se había incrustado en los precios, llegó el contragolpe. La semana pasada, los grandes nombres tecnológicos volvieron a dispararse, liderados por esas mismas Siete Magníficas. El mercado está indeciso: ¿se está quebrando el auge, o el retroceso fue solo una pausa saludable? Es justo en medio de este empate donde ahora aterrizan las cifras de ASML y TSMC. Son el árbitro que ambos bandos llevan esperando.

ASML el miércoles: habla el cuello de botella

Para ASML, el consenso anticipa unas ventas netas de entre 8.400 y 9.000 millones de euros y un margen bruto del 51 al 52 %, con un beneficio por acción previsto en torno a los 8,03 euros. Pero esas cifras son secundarias. Tres variables decidirán la reacción: los pedidos netos, las perspectivas del negocio en China y cualquier comentario de la dirección sobre la nueva generación High-NA de máquinas EUV.

Los pedidos son la cifra que se impone sobre todas las demás. Para ponerla en contexto, en el cuarto trimestre de 2025 ASML registró pedidos netos nuevos por valor de 13.200 millones de euros —de los cuales 7.400 millones correspondieron exclusivamente a sistemas EUV— y su cartera de pedidos («backlog») alcanzó los 38.800 millones de euros. Si los pedidos de este trimestre aterrizan en un nivel comparable, la tesis del pico de demanda queda descartada y la industria sigue expandiéndose sin alteración. Si retroceden con fuerza, el bando bajista obtendrá su primer argumento tangible. Ya en el trimestre anterior ASML entregó 8.800 millones de euros de ingresos con un margen bruto del 53,0 %, cerrando en la parte alta de su propia previsión, y elevó su guía anual de 34.000–39.000 a 36.000–40.000 millones de euros. El consejero delegado, Christophe Fouquet, atribuyó la revisión a que los clientes están acelerando sus planes de capacidad. Si ese tono se confirma, sería una señal poderosa. El riesgo reside en China: unas restricciones a la exportación más estrictas podrían lastrar una parte significativa del negocio y, con una acción tan exigentemente valorada, incluso una decepción en los márgenes podría desencadenar una corrección brusca.

TSMC el jueves: el veredicto de la fundición

Un día después, la atención se traslada a Taiwán. TSMC ha guiado unos ingresos del segundo trimestre de entre 39.000 y 40.200 millones de dólares —un incremento de aproximadamente el diez por ciento respecto al trimestre anterior y un salto enorme frente a los 30.070 millones del mismo trimestre del año pasado—. El margen bruto se proyecta entre el 65,5 y el 67,5 %, sostenido por una elevada utilización de las fábricas y solo levemente mermado por el costoso arranque de las nuevas plantas en el extranjero. También aquí los ingresos del titular no son lo decisivo. Los inversores esperan tres cosas: las perspectivas para el segundo semestre, una posible revisión al alza de la guía anual y, sobre todo, cualquier aumento del presupuesto de inversión en capital («capex») para 2026.

Porque el presupuesto de capex de TSMC es, en la práctica, el pedido que aterriza en el otro extremo, en ASML. Si TSMC eleva sus inversiones planificadas, esa es la prueba más contundente imaginable de que la demanda de potencia de cálculo para IA sigue intacta. Especial atención merece también la tecnología de encapsulado avanzado conocida como CoWoS, sin la cual los gigantescos aceleradores de IA no pueden fabricarse en absoluto: aquí TSMC lleva meses siendo el cuello de botella. Es probable que la dirección subraye además la transición de la IA generativa a la llamada «agentic AI», la IA agéntica, en la que los sistemas ya no se limitan a responder a instrucciones, sino que ejecutan tareas de forma autónoma. Ese cambio eleva todavía más la necesidad de cómputo por centro de datos, y constituye el argumento estructural de por qué el auge no tiene por qué haber terminado.

La rotación que discurre bajo la superficie

Mientras los titulares se clavan en Nvidia, hace tiempo que se despliega un desplazamiento notable bajo la superficie del sector de los semiconductores. Los inversores no huyeron simplemente de los chips: se cambiaron de sitio. El dinero salió de los procesadores gráficos, salió de Nvidia, y entró en los fabricantes de memoria. La gran ganadora es Micron: la acción ya ha subido un 229 % en 2026, y eso encima de una escalada del 239 % en 2025. El motivo es directo: los aceleradores de IA requieren cantidades enormes de memoria de gama alta, la denominada memoria de gran ancho de banda («high-bandwidth memory»). La demanda de estos chips ha pasado de ser un asunto secundario a convertirse en el auténtico cuello de botella.

Esta rotación explica una paradoja aparente: el índice amplio de chips se mantiene fuerte incluso cuando su nombre individual más prominente flaquea. El índice de semiconductores de Filadelfia (SOX), el barómetro clave del sector, sube un 74 % en 2026 y va camino de su mejor año desde 2003. Dicho de otro modo, la apuesta por la IA no ha muerto; simplemente ha cambiado de líderes. Para el inversor, esto encierra una lección importante: la cuestión rara vez es si una megatendencia sigue intacta, sino qué eslabón de la cadena de valor está ganando dinero en este momento. Y por eso mismo las cifras de ASML y TSMC son tan reveladoras. Se sitúan en un punto de la cadena que esta rotación no toca. Fluya el dinero hacia las GPU o hacia la memoria, ambas deben fabricarse en TSMC y grabarse con máquinas de ASML.

Las acciones atrapadas en el fuego cruzado

España es un país pobre en semiconductores: no alberga a ningún gigante de la fabricación de chips, de modo que para el inversor local el foco natural son los campeones europeos del sector. En primera fila destaca la propia ASML, joya de la corona tecnológica del continente y monopolista mundial de la litografía EUV. Junto a ella figuran otras dos neerlandesas de primer orden: ASM International, especialista en equipos de deposición de capas atómicas, y BE Semiconductor Industries, más conocida como Besi, líder en las máquinas de ensamblado y encapsulado que resultan cada vez más críticas para los chips de IA. Estas tres compañías representan la exposición europea más pura a la misma historia que se dirime esta semana.

Para acceder a este universo sin tener que operar directamente en múltiples bolsas extranjeras, el inversor español dispone de dos vías cómodas. La primera son los fondos cotizados (ETF) sectoriales, como el VanEck Semiconductor, que agrupan de una sola vez a ASML, TSMC, Nvidia, Micron y la mayoría de los nombres relevantes de la cadena. La segunda son los ADR —recibos de depósito estadounidenses— de ASML y de TSMC, que permiten tomar posición directa en las dos empresas cuyos libros de pedidos más importan en estos días. En el plano estrictamente doméstico, la referencia tecnológica más cercana es Indra, con su combinación de defensa, sistemas y tecnología, un valor que se beneficia del auge del gasto en digitalización aunque no participe directamente en la fabricación de chips.

Conviene subrayar que estos nombres no son apuestas intercambiables sobre una misma jugada. Ocupan peldaños distintos de la escalera —diseño, memoria, encapsulado, equipos, fundición— y reaccionan de forma diferente según hacia dónde esté rotando el dinero en cada momento. Quien comprendió en junio que la memoria estaba adelantando a las GPU habría capturado la escalada de Micron mientras Nvidia sangraba. Por eso la capa de proveedores es tan instructiva: TSMC y ASML se sitúan por debajo de todos esos peldaños a la vez, lo que convierte sus previsiones en la lectura más limpia de la salud de toda la estructura, y no de una sola porción de ella.

Los riesgos que no se pueden ignorar

Por muy tentadora que resulte la perspectiva de unas cifras sólidas, los contraargumentos merecen tomarse en serio. El primero es el reajuste de valoración. Que Nvidia cotice ahora a 18 veces los beneficios esperados es, por un lado, señal de que ya se ha descontado buena parte de la euforia. Por otro, fue precisamente esa fantasía de valoración sin límites la que sostuvo al sector durante años, y esa fantasía no regresa por el simple hecho de que un informe de resultados salga bien. El segundo riesgo es el banco central. Los tipos estadounidenses siguen en el 3,50–3,75 %, y el nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, ha suprimido la tradicional orientación futura («forward guidance») de la institución y ha desplazado la política monetaria hacia la pura dependencia de los datos. La próxima reunión de tipos, los días 28 y 29 de julio, llega sin proyecciones actualizadas, de modo que la incertidumbre sobre la senda de tipos se mantiene alta, y los valores de crecimiento caros son especialmente sensibles a ella.

El tercer riesgo es la política comercial. Los semiconductores quedan sujetos a los aranceles sectoriales de la Sección 232, y la persistente incertidumbre sobre la arquitectura futura de los aranceles estadounidenses proyecta una sombra sobre toda la cadena de suministro. Y el cuarto, muy concreto para esta semana: el 14 de julio, antes incluso de que lleguen las cifras de los chips, se publican el índice de precios al consumo de junio y los resultados de los grandes bancos estadounidenses. Un dato de inflación caliente podría agriar el ánimo antes de que ASML llegue siquiera a abrir sus libros. Los resultados de los chips, por tanto, no aterrizan en aguas tranquilas, sino en una semana ya cargada de puntos de fricción. A ello se añade una consideración fiscal que el inversor español no debe pasar por alto: las plusvalías por la venta de acciones y los dividendos tributan en el IRPF del ahorro a tipos que van del 19 al 28 %, un factor que conviene incorporar al cálculo de rentabilidad neta de cualquier posición tomada en torno a estos resultados.

La única cifra que importa

Al final, toda la semana puede destilarse en un único número: los pedidos netos de ASML. Es la ventana más honesta disponible hacia el futuro del auge de la IA, porque muestra lo que toda la industria está planificando para los años venideros y no meramente lo que ya ha vendido. Si esa cifra aterriza en el nivel de los trimestres recientes o por encima de él, el miedo a un pico de demanda queda refutado por ahora, y el rally debería tener terreno firme bajo los pies. Si retrocede de forma perceptible, el bando bajista obtendrá, por primera vez, un argumento que no podrá despacharse con un rebote de la cotización de un solo día.

Para el inversor que navega esta mezcla, un principio se impone sobre todos los demás: no obsesionarse con el ruido en torno a los valores individuales, sino vigilar la estructura de la cadena de suministro. El auge de la IA no es monolítico: su centro de gravedad migra, del fabricante de GPU al productor de memoria, y mañana quizá a otro punto distinto. Quien esté invertido en la base de la cadena, allí por donde todo chip debe pasar, es quien mejor se cubre frente a estas rotaciones. Esta semana, ASML y TSMC nos dirán si esa base aguanta. Todo lo demás es ruido.

RECOMENDACIÓN PARTNER

Prueba TradingView 30 días gratis

Y consigue 15 $ de descuento en tu primera suscripción a través de este enlace.

30 días Prueba gratis
15 $ Descuento
Pro Charts y herramientas
Empezar prueba gratuita de 30 días →
Enlace de afiliado: recibimos una comisión si te suscribes a través de este enlace, sin coste adicional para ti.
Daniel Herzog
AUTOR

Daniel Herzog

Fundador de Butterfly Market Insider

Más sobre Daniel →

Deja un comentario

Tu dirección de correo no se publicará. Los campos obligatorios están marcados con *.

Scroll al inicio