El lunes, tras el cierre de Nueva York, Palantir Technologies presentó un trimestre de los que rara vez aparecen en la historia del software cotizado. Los ingresos crecieron un 93 por ciento hasta 1.935 millones de dólares. El beneficio neto alcanzó 1.062 millones de dólares, es decir, más que toda la facturación que esa misma compañía obtuvo en el trimestre equivalente del año anterior. La previsión anual se elevó por segunda vez en el ejercicio. El consejero delegado, Alex Karp, recurrió a adjetivos que normalmente no sobreviven a la revisión jurídica de una nota de resultados.
Y aun así la acción sigue en negativo en 2026. Incluso incluyendo el salto de alrededor del 16 por ciento que mostró la preapertura del martes, Palantir cotiza por debajo del precio con el que empezó el año. Antes de los resultados, la distancia era de casi el 30 por ciento. No es una contradicción: es un problema aritmético, y es el problema aritmético más importante de este año bursátil.
Lo que Palantir presentó realmente
Primero las cifras, porque todo lo demás descansa sobre ellas. Los 1.935 millones de dólares de ingresos trimestrales superaron con holgura el consenso, situado en torno a 1.800 millones. El beneficio diluido por acción fue de 0,41 dólares frente a los 0,34 o 0,35 esperados. El resultado operativo bajo normativa contable estadounidense se situó en 912 millones de dólares, un margen del 47 por ciento; en términos ajustados fueron 1.190 millones y un 62 por ciento.
El flujo de caja libre ajustado llegó a 1.220 millones de dólares, el 63 por ciento de los ingresos, y es el primer trimestre de la historia de la compañía por encima de los mil millones. El flujo de caja operativo, 1.216 millones, queda prácticamente al mismo nivel, lo cual importa: no hay aquí un ajuste extraordinario ni una acrobacia contable, sino dinero que entra.
La composición resulta más llamativa que la suma. El negocio con empresas privadas en Estados Unidos creció un 149 por ciento interanual hasta 764 millones de dólares, y un 28 por ciento respecto al trimestre anterior. El negocio con la Administración estadounidense avanzó un 90 por ciento hasta 809 millones. Entre ambos suman 1.573 millones de dólares, el 81 por ciento de la facturación del grupo, procedentes de un solo país y creciendo al 115 por ciento. El valor total de contratos pendientes de ejecutar asciende a 13.100 millones de dólares, un 83 por ciento más. El número de clientes subió un 24 por ciento hasta 1.049, y un 35 por ciento hasta 653 en el segmento empresarial estadounidense. La retención neta de ingresos es del 157 por ciento: quien ya era cliente el año pasado gastó este año aproximadamente la mitad más. El indicador habitual del sector que suma crecimiento y margen, la llamada regla del 40, alcanzó 155 puntos. Cuarenta se considera bueno.
Para el conjunto del año la compañía espera ahora entre 8.150 y 8.158 millones de dólares de ingresos, un crecimiento cercano al 82 por ciento, y un flujo de caja libre ajustado de entre 4.500 y 4.700 millones. Para el tercer trimestre proyecta entre 2.160 y 2.164 millones, frente a una estimación del mercado próxima a 2.000.
La cuenta que nadie hace
Palantir entró en 2026 a 177,75 dólares. El lunes por la tarde, justo antes de publicar, cerró a 125,65. Son 29,3 por ciento de caída en siete meses. En ese mismo periodo, la facturación trimestral ha crecido un 93 por ciento.
De ahí se deduce necesariamente que el múltiplo sobre ventas se ha contraído alrededor de un 63 por ciento. Si el numerador cae un 29 por ciento y el denominador casi se duplica, del cociente sobrevive algo más de un tercio. El cálculo ignora la dilución por retribución en acciones, que en Palantir no es despreciable; el orden de magnitud no cambia.
La imagen se afina si se parte de la valoración de comienzos de año. Palantir empezó 2026 en torno a 62 veces las ventas de los doce meses previos y 155 veces los beneficios. Con unos ingresos de 2025 de aproximadamente 4.480 millones de dólares y los 8.150 millones ahora previstos para 2026, eso significa algo muy concreto: aunque la cotización se hubiera quedado exactamente quieta todo el año, el múltiplo sobre ventas habría caído de 62 a unas 34 veces solo por efecto del crecimiento. Como además el precio ha bajado un 29 por ciento, hoy se sitúa más cerca de 24.
Ese es el núcleo del asunto. La mayor parte del ajuste de valoración procede de que el negocio ha crecido hasta alcanzar su propio múltiplo, y la parte menor procede de que el mercado ha soltado aire adicional. Esa parte menor era exactamente la rentabilidad del accionista, y fue negativa. En una compañía que compone al 93 por ciento, el múltiplo pasado y el múltiplo futuro describen en la práctica dos empresas distintas. Quien los confunde no entiende ni el gráfico ni la valoración.
Por qué un múltiplo alto es una apuesta de duración
Un múltiplo de valoración elevado no significa otra cosa que esto: la mayor parte del valor de la empresa está compuesta por flujos de caja que todavía no existen. A 62 veces ventas, el centro de gravedad de los beneficios esperados queda muy lejos en el tiempo. En el lenguaje del mercado de bonos, una acción así es un instrumento de plazo muy largo, y los instrumentos de plazo largo son los que reaccionan con más violencia a los cambios en el tipo de descuento.
Ese tipo de descuento se ha movido bastante en 2026. La rentabilidad del bono estadounidense a diez años cerró julio en el 4,75 por ciento y el lunes rondaba el 4,69, tras haber tocado la semana anterior su nivel más alto desde enero de 2025. El plazo a treinta años cotiza en zonas que no se veían desde antes de la crisis financiera. La Reserva Federal presidida por Kevin Warsh mantuvo a finales de julio el tipo oficial entre el 3,50 y el 3,75 por ciento, pero con tres votos en contra que pedían subirlo.
Cuando el tramo largo sube medio punto porcentual, una corriente de flujos cuyo centro de gravedad está a diez años vista pierde valor presente de forma perceptible, con total independencia de lo que haya publicado el trimestre en curso. Esa es la explicación técnicamente más limpia de cómo una empresa puede crecer al 93 por ciento y aun así hacer perder dinero a sus accionistas. Explica también por qué esta misma acción ya cayó en mayo, cuando el primer trimestre había traído un 85 por ciento de crecimiento, un 133 por ciento en el negocio empresarial estadounidense y la mayor revisión al alza de previsiones de la historia de la compañía. El título pasó al día siguiente de 144,45 a 133,79 dólares. Tampoco entonces fue un veredicto sobre el negocio.
La contraprueba llega esta noche
El martes por la tarde SpaceX publica las primeras cuentas trimestrales de su vida como compañía cotizada. El grupo, que en febrero adquirió mediante canje de acciones a la desarrolladora de inteligencia artificial xAI y que desde entonces reporta en tres segmentos —espacio, conectividad e inteligencia artificial—, salió al Nasdaq el 12 de junio a 135 dólares por acción en la mayor oferta pública inicial de la historia. Su primer cierre fue de 160,95 dólares y su máximo, el 16 de junio, de 225,64. Su última cotización conocida es de 114,53. Eso supone alrededor de un 49 por ciento por debajo del máximo y en torno a un 15 por ciento por debajo del precio de colocación.
Para el segundo trimestre se esperan unos 6.820 millones de dólares de ingresos. En resultados, las estimaciones de los analistas van desde una pérdida de 1,26 dólares por acción hasta un beneficio de 0,33, un rango que es menos una previsión que una confesión. Como referencia, el primer trimestre arrojó 4.690 millones de ingresos y 4.280 millones de pérdidas. El negocio de satélites ganó 1.190 millones operativos sobre 3.260 millones de ingresos. El área espacial facturó 619 millones con 662 millones de pérdida operativa, y la de inteligencia artificial 818 millones con 2.470 millones de pérdida operativa. Starlink contaba a finales de marzo con 10,3 millones de abonados en 164 países, aproximadamente el doble que un año antes.
Así, en veinticuatro horas el mercado tiene delante dos compañías con la misma enfermedad en versiones opuestas. Palantir entrega un margen operativo ajustado del 62 por ciento y más de mil millones de flujo de caja libre trimestral, y aun así se abarata. SpaceX cotiza a unas 49 veces los ingresos esperados, quema miles de millones cada trimestre y esta noche tiene que demostrar que la segunda cifra se dirige hacia la primera. Ambas cotizaciones se mueven en 2026 por el mismo factor: no por lo que se publica, sino por lo que ya estaba en el precio.
Por qué esto no es un mercado bajista
Aquí toca una objeción sin la cual todo el relato queda torcido. El mercado en su conjunto no está cayendo. El Dow Jones cerró el lunes con una subida de 693,38 puntos, un 1,32 por ciento, en un máximo histórico de 53.178,41. El S&P 500 ganó un 1,48 por ciento hasta 7.600,50 y el Nasdaq Composite un 2,1 por ciento hasta 25.913,9. El martes por la mañana los futuros volvían a subir y el índice de volatilidad marcaba 15,63. El detonante fue más geopolítico que empresarial: el presidente Trump canceló un ataque militar previsto contra Irán y anunció nuevas negociaciones, con lo que el Brent cedió casi un cinco por ciento hasta unos 84 dólares y el crudo estadounidense se acercó a los 81. Teherán niega mantener conversaciones directas, aunque señala avances a través del canal de Omán. La OPEP y sus socios han aprobado además otro incremento de producción.
Lo que ocurre, por tanto, no es una devaluación de las acciones sino una devaluación de las primas de valoración. Caterpillar subía un nueve por ciento en la preapertura del martes tras superar por primera vez los 20.000 millones de dólares de ingresos trimestrales: un valor industrial con duración de beneficios corta y un múltiplo moderado. La misma mañana, una compañía que crece a tasas de tres dígitos acumula pérdidas en el año. El capital no se está yendo del mercado; se está desplazando dentro del mercado desde la duración larga hacia la corta. Quien confunde ese proceso con pesimismo vende los títulos equivocados.
La magnitud del desconcierto se ve en los precios objetivo. Morgan Stanley sitúa su escenario alcista para Palantir en 382 dólares; Jefferies mantiene recomendación de venta con objetivo de 70. Lo que separa a ambas casas no es una visión distinta del negocio, porque las dos esperan un crecimiento elevado. Lo único que las separa es un supuesto distinto sobre qué múltiplo merecerá ese crecimiento dentro de tres años. La dispersión misma es la noticia.
Dónde se observa el mismo patrón desde España
No hace falta mirar al Nasdaq para estudiar el fenómeno: el dato más elocuente está en el Ibex 35. Banco Santander se ha convertido recientemente en la compañía más valiosa del índice, superando a Inditex por primera vez desde 2018. Un banco cotizando a múltiplos bajos ha adelantado en capitalización a la mayor historia de crecimiento del mercado español, que según las previsiones de los analistas cotiza a unas 30 veces beneficios de 2026, bajando a 27 veces en 2027. Ese relevo no se explica por un derrumbe de Inditex, cuyo negocio sigue siendo excepcional; se explica por lo que cada uno de los dos paga en múltiplo cuando cambia el tipo de descuento.
Y ahí aparece la particularidad española, que conviene entender bien antes de lamentarla. El Ibex 35 cotizaba en julio de 2026 a unas 17,14 veces beneficios, un nivel muy alejado del de los índices tecnológicos estadounidenses, y acumulaba a finales de junio una revalorización cercana al 12 por ciento pese a la guerra con Irán, mientras Inditex se movía ligeramente en negativo. La bolsa española apenas tiene compañías de múltiplo extremo: está compuesta sobre todo por bancos, utilities y concesionarias, es decir, por duración de beneficios corta. En un año en el que el tramo largo de la curva castiga precisamente la duración larga, esa composición —tantas veces criticada por falta de sector tecnológico— ha funcionado como una protección. El inversor español que ha sufrido la compresión de múltiplos casi siempre la ha sufrido a través de su cartera estadounidense, no de la nacional.
En el plano fiscal conviene recordar que las ganancias patrimoniales tributan en la base del ahorro con una escala que arranca en el 19 por ciento y llega al 30 por ciento en los tramos más altos, sin distinción por plazo de tenencia, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos. Las pérdidas patrimoniales pueden compensarse con ganancias del mismo tipo y, en su defecto, con rendimientos del capital mobiliario hasta un límite del 25 por ciento de estos, con cuatro ejercicios para arrastrar el saldo pendiente. Quien decida esperar a que un múltiplo se normalice debe saber que en España el reloj fiscal no premia la paciencia, pero tampoco la penaliza.
Qué se puede objetar a esta lectura
Cuatro objeciones merecen tomarse en serio. La primera: la relación entre el tramo largo de la curva y la cotización de Palantir es plausible, no está demostrada. Es igualmente posible que lo que estemos viendo sea sencillamente la digestión de un exceso de 2025 que poco tiene que ver con las rentabilidades de los bonos. La segunda es más prosaica y no necesita teoría alguna sobre tipos de interés: los directivos de la compañía, incluido el consejero delegado, llevan meses vendiendo acciones de forma constante sin compras relevantes en sentido contrario.
La tercera, y es la más importante, es que la aritmética corta en las dos direcciones. Si el múltiplo determina la rentabilidad, entonces un múltiplo que cae no empeora la acción sino que matemáticamente la mejora. La misma cuenta que dolió en 2026 trabaja a favor del accionista en 2027, siempre que el crecimiento se mantenga. Y la cuarta, que es el verdadero punto débil: según la propia previsión de la empresa, el crecimiento no se mantiene en este nivel. Si se contrasta la guía anual con el primer semestre, el ritmo implícito para la segunda mitad del año es de alrededor del 77 por ciento, tras aproximadamente un 89 por ciento en la primera. Sigue siendo extraordinario, pero es una desaceleración, y crecer hasta alcanzar un múltiplo solo funciona mientras la tasa de crecimiento supere la velocidad a la que se desinfla la valoración.
Qué debería llevarse el inversor
La rentabilidad de una acción se descompone en tres partes: el crecimiento de los beneficios, la variación del múltiplo de valoración y el dividendo. En Palantir, durante 2026, el primer término ha sido un 93 por ciento, el segundo aproximadamente un menos 63 por ciento y el tercero cero. El resultado fue negativo. La mayoría de los inversores vigila únicamente el primer término, porque es el que aparece en los titulares, y el segundo es el que ha hecho el trabajo este año.
De ahí se deriva una regla aplicable a cualquier valor de crecimiento, en cualquier sector y en cualquier plaza. Al comprar, anote dos números: el múltiplo que paga hoy y el múltiplo que sigue suponiendo el día que venda. La diferencia entre ambos es la parte de su rentabilidad que la empresa no puede influir y el mercado sí. Un consejero delegado puede duplicar la facturación. Ningún consejero delegado puede decidir que sus acciones se sigan intercambiando a 62 veces esa facturación.
Y una cosa más. El múltiplo de entrada es la única variable de esta ecuación que está enteramente en manos del comprador. Los accionistas de Palantir no han perdido dinero en 2026 porque la compañía haya hecho algo mal este año: lo ha hecho prácticamente todo bien. Han perdido dinero porque el precio que dejó tras de sí el entusiasmo de 2025 ya contenía un año mejor que el que finalmente llegó. El negocio le debía a la valoración más de lo que ni siquiera un 93 por ciento de crecimiento podía devolver. Esta noche, cuando SpaceX publique por primera vez, se repetirá exactamente el mismo examen, esta vez con una compañía que todavía no ha aportado prueba alguna a favor de su múltiplo.
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